© OMS/Grainne Harrington
Respuesta al brote de ébola en la República Democrática del Congo, agosto de 2026.
© Imagen

Podemos detener el brote más mortífero de ébola por el virus de Bundibugyo

Cien días después de que la República Democrática del Congo declarara el brote, las prioridades están claras: llegar a todas las zonas afectadas, proteger al personal de primera línea y convertir los compromisos en medidas concretas.

25 de agosto de 2026
Tiempo de lectura

Por el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud; el Dr. Mohamed Yakub Janabi, Director Regional de la Organización Mundial de la Salud para África; y el Dr. Jean Kaseya, Director General de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Siempre que vamos a la República Democrática del Congo, lo primero que hacemos es escuchar.

En Bunia nos hemos reunido con decenas de representantes de la población, entre ellos supervivientes, mujeres, jóvenes, organizaciones locales, personal de salud y dirigentes de las zonas afectadas. El mensaje que nos transmiten es claro: cuenten con nosotros. Conocemos nuestras comunidades. Sabemos adónde acuden las familias para recibir atención, cómo circula la información y por qué se está perdiendo la confianza. Dennos los medios necesarios para reforzar la respuesta. Y tienen razón.

La población de las zonas donde se propaga el ébola tiene los conocimientos necesarios para detenerlo. Puede detectar los casos de forma temprana, avisar a los equipos de salud, contribuir a identificar y seguir a los contactos, contrarrestar rumores peligrosos y ayudar a las familias a acceder al tratamiento y a dar sepultura a sus seres queridos de forma segura y digna. La respuesta siempre es más rápida cuando la población local participa activamente en su gestión junto con las autoridades nacionales y el personal de salud.

Hace cien días, el Gobierno de la República Democrática del Congo declaró el decimoséptimo brote de ébola registrado en el país, después de que se confirmara la presencia del virus de Bundibugyo. Más tarde, la OMS declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional y, a su vez, los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades declararon una emergencia de salud pública de seguridad continental.

La magnitud de la emergencia es enorme. Hasta el 21 de agosto de 2026, el país había notificado 5290 casos confirmados y 2516 defunciones en 56 zonas de salud. Se trata del segundo mayor brote de ébola de la historia y se está propagando con más rapidez que los anteriores. La situación se ve agravada por la inseguridad provocada por décadas de conflicto armado, que han debilitado la ley, el orden y los servicios sociales y han obligado a desplazarse a más de un millón de personas.

Las personas que trabajan día tras día sobre el terreno ocupan un lugar central en la respuesta. El personal de salud atiende a los pacientes; los equipos de laboratorio identifican el virus; el personal que realiza el seguimiento de los contactos reconstruye las cadenas de transmisión; los agentes comunitarios de salud generan confianza allí donde han arraigado el miedo y la información falsa; y los equipos encargados de los entierros ayudan a las familias a despedir a sus seres queridos de forma segura y digna.

Todos ellos trabajan sometidos a una presión extraordinaria y, con frecuencia, en zonas inseguras y de difícil acceso. Algunos han contraído el ébola mientras desempeñaban sus funciones.

Su labor debe respaldarse con medidas concretas: condiciones de seguridad, equipos de protección, capacitación, material médico suficiente, el pago puntual por su trabajo, apoyo psicosocial y, en caso de que enfermen, el acceso rápido al diagnóstico y la atención de apoyo de calidad. Proteger al personal de primera línea es fundamental para detener la transmisión.

Se han logrado avances importantes. Bajo la dirección de las autoridades nacionales, los equipos congoleses de respuesta, la OMS, los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades y otros asociados han reforzado la vigilancia y han desplegado laboratorios. Además, han prestado apoyo a los centros de tratamiento, han mejorado la prevención de infecciones y han distribuido material básico.

Por su parte, Uganda ha interrumpido la transmisión local del virus, al igual que varias zonas de salud del norte de la provincia de Ituri y de Kivu del Sur. Estas experiencias demuestran que los brotes pueden detenerse con mayor rapidez cuando la detección rápida, la intervención decidida de las autoridades nacionales y la cooperación estrecha con la población local permiten romper las cadenas de transmisión. Sin embargo, ante la persistencia de la emergencia en Ituri y en otras cinco provincias, es preciso intensificar urgentemente la respuesta.

Para revertir la situación, se está aumentando el número de equipos de vigilancia y dotándolos de más medios para detectar los casos de forma temprana e identificar rápidamente a los contactos. También se están reforzando la atención clínica segura y las medidas de prevención de infecciones en todos los lugares a los que acude la población para recibir tratamiento. A su vez, se están desplegando más equipos de comunicación de riesgos y participación comunitaria para mantener el contacto directo con la población, facilitar su participación en la respuesta y eliminar los obstáculos que dificultan su acceso a la atención. Asimismo, se está aumentando el número de equipos encargados de realizar entierros seguros y dignos para prevenir la transmisión asociada a las defunciones, y se está prestando especial atención a los grupos vulnerables y la población que vive en zonas inseguras y de difícil acceso.

Pero todos estos esfuerzos siguen siendo insuficientes. Tenemos que duplicar o triplicar la capacidad actual en todos los componentes de la respuesta.

También urge proteger los establecimientos de salud frente a la infección. Al 20 de agosto de 2026, se habían infectado 158 trabajadores de salud y 45 habían muerto. Todos los establecimientos situados en zonas afectadas o de alto riesgo deben disponer de personal capacitado, equipos de protección, agua salubre, saneamiento y sistemas eficaces de prevención de infecciones.

Los equipos nacionales y locales necesitan disponer de una financiación previsible que permita sostener la vigilancia, los laboratorios, el tratamiento, la logística, la prevención de infecciones y la participación de la población. El personal de primera línea debe recibir sus pagos puntualmente. Las organizaciones locales necesitan apoyo directo para poder trabajar de forma continuada con la población, y los suministros deben llegar antes de que se agoten las existencias.

Cuando la financiación llega tarde, se pierden vidas, y cuando se fragmenta, se desatienden algunos aspectos de la respuesta. El ébola se beneficia de ambas situaciones. Sobre el terreno, la OMS y los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades hemos establecido una coordinación estrecha con las organizaciones humanitarias y de salud que trabajan junto al Gobierno. Los donantes deben respaldar y fortalecer esa coordinación, en vez de financiar actuaciones aisladas y desconectadas entre sí.

Al mismo tiempo, es imprescindible mantener una coordinación transfronteriza sólida, ya que la población se desplaza tanto dentro de los países como de unos países a otros para comerciar, trabajar, estudiar, recibir atención y mantener a sus familias. La gestión de las fronteras debe favorecer la actuación coordinada en materia de salud pública, sin recurrir a cierres ni a restricciones generalizadas de los viajes y el comercio. Este tipo de medidas puede dificultar la respuesta y perjudicar los medios de subsistencia sin frenar la transmisión. Las prioridades deben ser mantener una vigilancia coordinada, intercambiar información con rapidez y disponer de servicios de salud preparados a lo largo de las rutas por las que se desplaza la población.

Cien días después del inicio de la respuesta, las prioridades están claras:

Hay que detectar todos los casos, seguir a todos los contactos, romper todas las cadenas de transmisión, proteger a todo el personal de salud y de primera línea, salvar vidas y no dejar atrás a ninguna población afectada. También debemos acercar las pruebas diagnósticas y el tratamiento a quienes los necesiten, reforzar la coordinación transfronteriza, aumentar el apoyo internacional y convertir todos los compromisos en medidas concretas.

La OMS y los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades seguirán trabajando con la República Democrática del Congo, los países vecinos, la población local y los asociados para hacer realidad estas prioridades. Tenemos la responsabilidad de poner toda la capacidad de la cooperación internacional y continental al servicio de una respuesta dirigida por las autoridades nacionales.

Uganda y varias zonas de la República Democrática del Congo han demostrado que es posible cambiar el curso del brote mediante la detección temprana, la actuación decidida y la cooperación estrecha con la población local. Ahora es necesario aplicar estas medidas a gran escala. Para obtener resultados, necesitamos mantener el liderazgo de los gobiernos, contar con la solidaridad del resto del continente y disponer de apoyo internacional. Debemos afrontar este reto unidos.